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10 trucos de edición que mejorarán rápidamente tu copywriting

editar-textos-copywritingEsta entrada está escrita por Nuria González.

Cuenta la leyenda que Titivillus se pasea a sus anchas entre quienes escriben y publican textos.

Pero ¿quién es Titivillus?

Un escurridizo súbdito de Satanás de origen medieval, cuya misión consistía en introducir errores en el trabajo de los monjes escribanos y de los cajistas de las imprentas, cuando se despistaban o perdían la concentración.

Y ha conseguido sobrevivir hasta la era digital.

Realmente, era la manera en la que antiguamente se justificaba la presencia de errores ortográficos, gramaticales y de redacción en un texto. Este pequeño demonio se convirtió en el chivo expiatorio perfecto que absolvía de culpa a los autores.

Como lector de Maïder, ya conoces la importancia que tiene la forma en la que te comunicas con tu audiencia y con tus lectores; por eso aplicas fórmulas de copywriting.

Sin embargo, como sabes, el juego de la seducción no depende de un único factor.

El copy tiene un aliado, la edición de textos…

Esta es la línea de defensa ideal para mantener a Titivillus a raya.

edición-textos-copywring¿Sigues creyendo que en internet cuidar un texto no es importante?

Te equivocas.

Los errores ortográficos y gramaticales, las erratas, los descuidos, la adecuación del lenguaje, la estructura, la jerarquía de las ideas… TODO es importante; y no tenerlo en cuenta puede hacerte perder ventas.

Sí, sí; como lo oyes.

La empresa Fact-Finder, especializada en la búsqueda y en la navegación online del mercado europeo, concluyó en un estudio que los errores ortográficos y las traducciones incorrectas suponen la pérdida del 20% de las ventas de los negocios digitales.

Y hay más. No solo reducen las ventas, sino que también dañan gravemente la imagen de marca.

Global Lingo, realizó una encuesta en la que comprobó que el 59% de los usuarios digitales abandonan una web si presenta un texto descuidado y evidentes faltas de ortografía.

Además, el 74% aseguraron que tienen en cuenta la calidad de los textos de las páginas webs que visitan y que los errores despiertan desconfianza, al tiempo que disminuye la profesionalidad y la credibilidad percibidas.

Hoy estoy aquí para ofrecerte algunos consejos con los que enriquecer tus mensajes escritos y, en definitiva, la comunicación con tus clientes y lectores.

(Tranquilo, me he propuesto no usar tecnicismos lingüísticos). ;-)

 

1. Las frases demasiado largas rompen la concordancia

Tanto en los textos de tu web como en los correos electrónicos, procura evitar las frases excesivamente largas.

Además de ser pesadas de leer, tienen un peligro: se pierde el hilo de la redacción y se generan errores sintácticos.

Es muy frecuente que, como consecuencia del uso de oraciones subordinadas, un verbo que debe ir en singular aparezca de repente en plural (o viceversa), por lo que el lector (tu cliente) puede sentir confusión.

Eso, si no se ha dormido antes de acabar de leer la frase.

Dime cómo te quedarías si te llega a la bandeja de entrada algo como esto:

“Nuestra empresa se ha consolidado como una referencia en el sector, por haber sabido reconocer las necesidades de los clientes, ya que nuestra experiencia nos confirma que la disponibilidad de nuestros servicios, junto a nuestra flexibilidad y sensibilidad, además de la absoluta confidencialidad que ofrecemos, hace que encuentres en nosotros la solución ideal a tus requerimientos y, en consecuencia, podemos afirmar que su satisfacción está garantizada si nos elige como opción de entre las distintas opciones del mercado”.

Te digo cómo me dejó a mí: ojiplática.

Esta verborrea, además de contener errores, ni soluciona mi problema como cliente ni me muestra cómo podría solucionarlo.

Así que opta por frases cortas, directas y sencillas.

2. Accesible/asequible

Salvo en su acepción “fácil de comprender”, que ambos términos comparten, conviene no confundir estas dos palabras.

Asequible significa “que se puede comprar o adquirir” y “que tiene un precio moderado”.

Accesible significa “aquella persona o cosa a la que se puede acceder o llegar sin dificultad” o “persona de carácter afable”.

Por tanto, un jefe es accesible o no lo es (dependerá de su carácter), pero no será asequible. Del mismo modo, los precios de un negocio pueden o no ser asequibles, pero no accesibles.

3. Infringir/Infligir

Infringir es “incumplir las normas”, mientras que infligir es “causar un daño o imponer un castigo”.

Así que es incorrecto decir “no inflijo la ley para evitar multas” (debería ser infrinjo) o “le han infringido un castigo ejemplar” (debería ser infligido).

La forma híbrida inflingir es incorrecta siempre.

4. Circunloquios

Consiste en utilizar más palabras de las necesarias para expresar una idea o un concepto. Por lo tanto, es preferible:

  • Conocer a tener conocimiento
  • Considerar a tener en cuenta
  • Poder a estar en condiciones de
  • Llamar por teléfono a efectuar una llamada telefónica
  • Comunicar a hacer saber
  • Atender a prestar atención
  • Manifestar a poner de manifiesto
  • Descenso a evolución descendente
  • Opinar a ser de la opinión de
  • Acabar a dar por finalizado
  • Avisar a dar aviso
  • Presentarse a hacer acto de presencia

5. Redundancias

Las redundancias (o pleonasmos) se refieren a palabras, expresiones o enunciados cuyo significado ya está expresado de forma distinta, por lo que restan agilidad y concisión al texto.

Algunos ejemplos comunes son:

  • Actualmente en vigor
  • Arrecido de frío
  • Aterido de frío
  • Asomarse al exterior
  • Caso muy extremo
  • Constelación de estrellas
  • Coordinados entre sí
  • Encargado de la misión de…
  • Entrar dentro
  • Exultante de gozo (o de alegría)
  • Casualidad imprevista
  • Hablar tres idiomas diferentes
  • Insistir de nuevo
  • Pisar encima
  • Prever con antelación
  • Utopía inalcanzable
  • Unanimidad de todos
  • Periodo de tiempo

6. Me entiendes/Me explico

Seguro que te ha pasado alguna vez. Te están explicando algo y de pronto te lanzan esta pregunta: “¿Me entiendes?” o “¿sabes lo que quiero decir?”.

Inconscientemente, esta forma de preguntar traslada la responsabilidad de la comprensión del mensaje al interlocutor (“si no me entiendes, es porque tienes un problema de comprensión o porque no te enteras”).

Ahora bien, si en su lugar se utiliza “¿me explico?”, la responsabilidad recae sobre el que habla, por lo que el interlocutor respira tranquilo y no toma ninguna actitud defensiva (por insignificante que sea).

De modo que evita este tipo de fórmulas cuando trates con tus clientes (tanto en correos electrónicos como en conversaciones) y estarás más cerca de tenerlos a tu favor.

7. Cacofonías

Se trata de sonidos que se repiten internamente en una frase y que generan una musicalidad incómoda y molesta en la lectura.

Por ejemplo, “se apoderó de él un terrible terror que lo dejó sin saber qué errores corregir” o “estando cantando mi hermano, fueron llegando los invitados”.

Para evitar las cacofonías, no hay truco mejor que leer el texto en voz alta. Si en algún momento parece que algo “chirría”, no dudes y edita la frase.

8. Muletillas y latiguillos

Las muletillas son expresiones o palabras que se intercalan innecesariamente en el lenguaje y sirven de apoyo en la expresión (hablada o escrita).

No aportan valor al discurso y transmiten pobreza expresiva.

Ejemplos de muletillas frecuentes son:

  • Valga la redundancia
  • Si se me permite la comparación
  • Como aquel que dice
  • Por así decirlo
  • De alguna manera
  • Digamos
  • La verdad es que

Los latiguillos son expresiones que se repiten, sobre todo porque se ponen de moda.

Por ejemplo, “quiero decir”, “para nada”, “como muy”, “lleva tu negocio al siguiente nivel” y similares.

9. Arroba como letra

La arroba (@), hoy por hoy, NO es una letra; es un símbolo.

Sin embargo, es frecuente dudar de qué hacer cuando queremos englobar a hombres y mujeres sin caer en un supuesto machismo o en la pesadez de casos como “emprendedores y emprendedoras”, “autónomos y autónomas”, “todos y todas”…

En español, el masculino es el “género no marcado”; es decir, el que engloba ambos géneros.

Personalmente, no me siento en absoluto discriminada por ello. Es una mera cuestión de economía lingüística.

Así que deja de sentirte mal por utilizar el masculino si te refieres a hombres y mujeres.

O por lo menos no te sientas peor que si utilizas la arroba, que ni siquiera es una letra.

10. Uso de tú y vosotros

Del mismo modo que no es coherente tutear a los clientes en la web y tratarlos de usted en los correos electrónicos, hay que evitar alternar indiscriminadamente el tú y el vosotros.

Esto es habitual en las redes sociales, porque los negocios se relajan demasiado al escribir en este canal.

Si en Facebook hablas a tu audiencia de tú, perfecto; pero hazlo siempre así. Y si te diriges a ella como vosotros, perfecto también.

Lo importante es que no cambies a lo loco, porque pierdes coherencia.

O hablas en singular o hablas en plural. Piensa que cuando escribes estás manteniendo una conversación.

¿Al hablar cara a cara con un cliente o con un amigo pasas del tú al vosotros? No, ¿verdad? Pues al escribir, lo mismo.

Las tres preguntas clave que te harán ver la importancia de cuidar la edición de tus textos

Cuidar la forma en la que presentas tus textos es importante para retener clientes, mejorar tu reputación digital y tu credibilidad como marca.

En definitiva, podemos resumir su importancia con estas tres sencillas preguntas:

1. ¿Los errores ortográficos y gramaticales incrementan las conversiones? NO

2. ¿Eliminar los errores y optimizar la redacción supone un valor añadido de calidad de cara a tus clientes y lectores? SÍ

3. ¿Publicar buenos textos es algo exclusivo y al alcance solo de unos pocos? Definitivamente, NO

 

Ahora, es tu turno. ¿Cometes alguno de los diez errores? Espero tus impresiones en los comentarios.